Llegaron a La Habana,
pasajeros del mismo avión,
compañeros de asiento,
charlando esas trivialidades
de los viajes largos.
Ella escondió la cámara,
compró pizzas infames,
empleó monosilabos
para ocultar su acento.
Él hablaba muy alto
y sonreía por todo,
visitó los hoteles,
falsificó el asombro,
alquiló un auto.
Ella entró en el Mercado,
montó guaguas,
vio las constelaciones
desde el Malecón,
compró y bebió aguardiente.
Él pagó a las muchachas,
dio propinas,
hizo feliz a un niño
con chicles y bolígrafos,
fotografió las colas y las casas.
Un dia antes de irse
coincidieron en un portal
de la Plaza de Armas,
solos, tarde en la noche.
Y no encontraron nada que decirse.
Jan
17
pimienta
Categoría: leo
Etiquetas: cuba, viaje
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